TIR DE PASSETJA: El deporte moderno del Tiro con Honda – Jesús Vega, Març del 2019.

EL DEPORTE MODERNO DEL TIRO CON HONDA,

por Jesús Vega – Marzo del 2019.


La transición del ejercicio de la honda desde el uso útil (pastoreo, guerra) hasta el deportivo es muy complicada. El arco, unido por el destino a la honda en la guerra y la caza, ha efectuado el tránsito sin problemas gracias a su tecnificación a lo largo de los tiempos. El arco turco o el long bow inglés ya supusieron unos avances técnicos admirables, y modernamente los arcos de competición o caza, con poleas, disparadores y otros accesorios, han multiplicado su potencia y precisión, logrando marcas que nos asombran y facilitando la tarea de aprendizaje a los neófitos. La honda, dada su simplicidad, adquirió quizás desde la prehistoria un alto rendimiento, recayendo ya en la habilidad del hondero el logro de la excelencia; habilidad que requiere mucha mayor dedicación que cualquier otra arma evolucionada. Y ahí creo que está la dificultad de su transición a la práctica deportiva moderna. Multitud de aficionados incipientes, motivados por la espectacularidad del arma, acaban desanimándose y abandonan ante las dificultades de dominarla. Sin embargo, en las épocas en que su uso era útil, se desarrolló gran destreza con ella, quedando testimonios escritos que hoy nos admiran y que son imposibles de imitar, ya que requieren toda una vida dedicada al arma. Honderos aqueos y baleares, e incluso pastores y vaqueros de los dos últimos siglos asombraron también a sus coetáneos con la precisión y alcance del arma.
El panorama deportivo actual de la honda, a excepción de Baleares, no acaba de despegar y se limita a honderos aislados y pequeños grupos dispersos por diferentes países, que han desarrollado una habilidad aceptable pero muy lejos todavía de la excelencia. Si las marcas en cualquier deporte se superan de año en año, la honda sigue sin acercarse de lejos a las marcas alcanzadas en tiempos pasados. Hubo antiguamente testimonios de que la honda era superior al arco, pero hoy no podría competir ni en distancia ni precisión con él, incluso aunque se utilicen proyectiles especiales, estandarizados y de metales pesados.
¿Qué estímulos serían necesarios para que el hondero dedique el tiempo y la pasión necesarios para alcanzar esa perfección que sin duda el arma permite? No nos engañemos, ningún deporte actual se practica exclusivamente por amor al arte. Bien directamente en la forma de premios en dinero de los torneos con asistencia de público que paga una entrada (tenis, golf, etc.), o indirectamente en forma de anuncios de marcas que explotan la fama adquirida por unos pocos en competiciones meramente deportivas (olimpiadas, etc.), el dinero siempre anda de por medio. Pero en la honda el atractivo económico no existe.
¿Qué camino le queda pues al hondero para perfeccionarse sino aquel que se base en el desarrollo interior personal, como sucede en algunas disciplinas orientales tales que el kendo o el tiro con arco zen? Ahí, en esa dialéctica de cada uno consigo mismo, queda mucho espacio para alcanzar la excelencia inseparable del tirador y el tiro. No obstante, como en cualquier arte o disciplina, esa excelencia no debe guardarse sólo para uno mismo, sino que debe mostrarse y exhibirse para deleite y aprendizaje de los demás. Instituciones como la Federación Balear de Tiro con Honda, o a un nivel menor los campeonatos que tienen lugar en pueblos con tradición hondera, como los de Málaga, serían el escenario idóneo y necesario para este fin de introducción y despegue de la honda como deporte moderno, que excede el mero disfrute de las tradiciones ancestrales y la práctica del tiro tradicional. Esta fase actual, a mitad de camino entre lo deportivo y lo festivo, sin abandonarse, debe superarse si se quiere que el tiro con honda adquiera la categoría de deporte moderno. Para ello la honda tiene que optimizarse y tecnificarse lo más posible, empleando los materiales y proyectiles que la tecnología permite. Así pasará de ser un arma primitiva a un arma deportiva moderna, alcanzando prestaciones superiores y realmente espectaculares, a la vez que se facilita el aprendizaje. Honda y proyectiles van de la mano. Podría decirse incluso que en competición la honda debe estar adaptada al proyectil y no al contrario como es habitual. Se tejen hondas tradicionales todo terreno para lanzar cualquier tipo de proyectiles, cuando al haberse demostrado la superioridad de un tipo de proyectiles para cada uso concreto, en forma, peso y tamaño, es la honda la que debería adaptarse a ellos. Ese es el camino del deporte moderno, el de la optimización de los medios. Después vendrá el perfeccionamiento del tiro y del hondero. Mientras que acertar a una diana de 50 cm a 20 metros sea una meta, la honda no podrá equipararse a otros deportes como el arco. El deporte de lanzamiento de proyectiles busca la espectacularidad, bien en distancia, precisión o poder de impacto. Siempre que haya otras armas más eficientes en estos aspectos, la honda no tendrá nada que hacer en el terreno olímpico. En cuanto a precisión, si un tirachinas moderno tiene más precisión a distancia media que una honda, deberemos olvidarnos de esta modalidad de precisión. Nos quedaría la precisión a larga distancia, que para igualar al arco debería usar una diana olímpica de 120 cm a 70 metros. Misiones que de momento parecen imposibles, lo que nos haría resignarnos a la evocación de una práctica bélica superada, prehistórica, que no obstante tendrá cabida en los juegos tradicionales y prehistóricos que se celebran en algunos lugares. Quedaría un nicho sin embargo para el tiro con honda olímpico, que sería la modalidad de impacto, que para ser espectacular debería usar una diana en la que pueda apreciarse este efecto, filtrando los tiros que no alcancen un mínimo de energía. Esa es la esencia de la honda, la potencia de impacto en el objetivo, bien con proyectiles de piedra a media distancia o de plomo a larga.
Pero la modernización de la honda no lo es todo para iniciar el despegue como deporte ampliamente conocido. Los pequeños núcleos de aficionados que hay en muchos países deberían constituirse en clubs deportivos registrados (sólo son necesarios tres miembros) para acabar integrándose en asociaciones o federaciones nacionales. Finalmente, se acabaría creando una asociación o federación mundial de clubs.

Quizás el camino a las olimpiadas estaría entonces comenzando a abrirse.

 

   

Jesús Vega (E.P.R,)

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